Presentación del dispositivo “Clínica y Arte” 

Hospital Municipal de Morón “Ostaciana B. de Lavignolle” 

Jornada de la Cátedra “Hospital de Día y Problemáticas Clínicas Contemporáneas” Prácticas profesionales de la Licenciatura en Psicología | Universidad de Buenos Aires

Se han elegido como coordenadas para esta presentación, las orientaciones teóricas y experienciales que hacen al Dispositivo de “Clínica y Arte” (DCA). Se invitará a pensar el contenido de las palabras “Dispositivo”, “Clínica”, “Arte” y la manera en la que se vinculan con la experiencia cotidiana llevadas a cabo en un Hospital Público.

El Dispositivo “Clínica y Arte” funciona en el Servicio de Salud Mental del Hospital de Morón. Su particularidad es la interacción con la mayoría de los equipos, como ser el de Psicología de adultos, el de adolescentes y el de niños, Psicopedagogía, Psiquiatría, Clínica de familia, y Violencia de género y el sector de Fonoaudiología. El abordaje se lleva a cabo de manera individual y grupal. Se interviene con niños, adolescentes y adultos, desde encuadres de trabajo diferenciados.

El DCA fue creado a finales del año 2017. Si bien desde el año 1995 el arte comenzó a ser parte del Servicio de Salud Mental como “Equipo de Arteterapia”, se realizó un giro en la manera de pensarlo y llevarlo a cabo como un Dispositivo de “Clínica y Arte”. Fue un movimiento de intervención, no sólo en relación al encuadre de trabajo con los concurrentes, sino en torno a lo institucional.

La importancia de un dispositivo clínico en un hospital público consiste en añadir a la Salud Pública -y su necesaria orientación hacia una política para todos- el pensar en las instituciones para cada uno. Esto implica diseñar y a la vez formar parte de la organización, una tarea que muchas veces ronda en hacerlas “menos crueles”. Se trata de un tratamiento posible, que puede darse o no, y que rodea el intento de ubicar de qué recursos se vale un sujeto, donde se articulan los procesos creativos con su tiempo y espacio instituyentes. Esto requiere la continua invención de la práctica, el hacer poético/poiético, de creación y producción. El caos es una estructura desconocida, que muchas veces se confunde con el desorden. Una mirada clínica y artística en este aspecto aloja lo humano, con su diversidad y marginalidad, dentro del sistema de salud.

El campo del arte, el de los procesos artísticos, es el territorio en donde se rescata el lugar significante, en donde está permitida la invención de códigos. La importancia de trabajar con las artes plásticas y visuales radica en que la obra (un dibujo, una pintura, un collage, una fotografía, entre otras) arman una terceridad que permite intervenir, rodear, a través de la obra. El cuerpo, la poesía y la música son paisajes sustanciales para las composiciones. Un dispositivo de clínica y arte necesariamente apunta a una mirada transdisciplinaria, en el sentido de valerse de la propia experiencia artística para profundizar en una práctica que pondere, por sobre todas las cosas, la experiencia sensible. Llevarlo a cabo en un hospital público es un acontecimiento de resistencia.

Se consideran a los procesos artísticos como producción, no siendo del orden de lo descifrable, pero teniendo efectos resubjetivantes. Aquí es relevante la necesaria disposición del profesional de la salud y del artista. Se trazan ejes entre lo singular y lo colectivo, que apuntan a diversas manifestaciones en torno al enlace que se establece entre las dimensiones subjetiva, cognitiva y social con los procesos de aprehendizaje. La identidad, la otredad, la alteridad; la presentación, la representación y la creación, mediadas por el devenir de los procesos artísticos.

Las experiencias artísticas, su trayectoria, cartografías y desplazamientos, no implican valoraciones ni tecnicismos, sino aceptación de lo singular y lo propio de cada uno. Desde lo incipiente, se interviene sobre el despliegue y el devenir, a veces desde lo azaroso y contingente, como soportes de la creación. Se trata de captar las fuerzas y acontecimientos subjetivos a partir de una cartografía dinámica de la subjetividad, rodeando su historia y geografía, su metamorfosis, no desde una concepción conmemorativa y memorial (como podría ser partir de la historia clínica de los concurrentes) sino desde las características actuales de su desplazamiento y movilización. Tampoco desde la interpretación, sino desde la identificación de una trayectoria como indicador de nuevas referencias susceptibles de adquirir una consistencia suficiente para su movilización. Se apunta a una actividad psíquica cartográfica no sólo en extensión, respecto a un espacio constituido de trayectos, sino en intensidad, en densidad sobre lo que sustenta al mapa de afectaciones.

Volviendo al giro que crea al DCA se recurre al concepto de Deleuze, que dice que un dispositivo es una madeja, un conjunto multilineal que se caracteriza por la heterogeneidad de sus componentes, que devienen de manera no lineal, sino a partir de fracturas y crisis. Él conceptualiza al dispositivo como un conjunto de líneas en constante variación. Se trata de líneas de visibilidad y enunciación (vinculadas con el nivel del saber), líneas de fuerza (ligadas a la dimensión de las prácticas no discursivas, es decir, al poder) y líneas de subjetivación. Un dispositivo no es más que una creación provisoria, siempre reajustable en los términos planteados por sus mutaciones concretas en los tres niveles mencionados: saber, poder, subjetividad.

Multiplicidad, matrices de transformaciones… De esta manera, las diferencias concretas que permiten distinguir a un dispositivo de otro radican en lo que cada uno produce sobre la base de sus intervenciones en la multiplicidad y no en la universalidad.

En el sentido foucaultiano del término, “dispositivo” hace referencia a la composición que generan “una serie de elementos tanto prácticos como discursivos en una mezcla en la que estos se alternan, se integran e intercalan de maneras diversas, no necesariamente sistemáticas y en permanente transformación articulando relaciones hegemónicas y mecanismos de exclusión y de poder​”. Es un conjunto heterogéneo que incluye discurso, institución, instalación, decisiones, leyes, medidas administrativas… en síntesis, lo dicho, así como lo no dicho… Es por esta complejidad que un espacio de clínica y arte en un hospital público es concebido como un dispositivo, dado que para ser llevado a cabo tiene que aceptar, convivir y dialogar con la heterogeneidad, la constante variación, la creación provisoria, los niveles de saber, poder y subjetividad, la multiplicidad y no la universalidad.

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Llevar a cabo la tarea diaria del dispositivo está envuelto de complejidad, muchas veces desahuciante. Implica poner el cuerpo desde varios aspectos: la disposición del espacio, la falta de recurso humano -el dispositivo se sostiene principalmente con los profesionales de la residencia de Psicología y estudiantes de UBA- y la falta de insumos, todos los materiales son llevados personalmente y se está a la búsqueda constante de donaciones externas. La sustentabilidad del dispositivo es un punto crítico, dado que hacer partícipes a los concurrentes de la colaboración con materiales, ha incidido de manera significativa en la asistencia, dado que muchos de ellos, la mayoría, no cuentan siquiera para los gastos del transporte.

 

Se cree que las problemáticas contemporáneas están vinculadas a la exclusión que el sistema intensifica día a día con mayor crueldad, allí radica la importancia de un espacio de arte en un Hospital Público, por su posibilidad y su disponibilidad para alojar lo que “no sirve”, lo que queda marginado. Es un espacio de humanidad y de construcción de sentido de la vida y de la salud.

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La primera exposición de obras realizada a finales del 2017 fue la culminación de un proceso llevado a cabo durante los encuentros semanales, que devino en la extensión y expansión de las producciones realizadas. No fue un fin, sino una llegada. Compartir, legitimar y valorar la experiencia artística como proceso subjetivo y creativo abierto a la comunidad, fomentar el lazo social con otros en calidad de “artistas” y no de “pacientes”.

Hay que inventar respiraciones nuevas.

Respiraciones que no sólo consuman el aire,

sino que además lo enriquezcan

y hasta lo liberen

de ciertas combinaciones taciturnas.

 

Respiraciones que inhalen además

las ondas y los ritmos,

la fragancia secreta del tiempo

y su disolución entre la bruma.

 

Respiraciones que acompañen

a aquel que las respire.

 

Respiraciones hacia adentro del sueño,

del amor y la muerte.

 

Y para eso hay que inventar un nuevo aire,

unos pulmones más fervientes

y un pensamiento que pueda respirarse.

 

Y si aún faltara algo,

habría que inventar también

otra forma más concreta del hombre.

 

* "Hay que inventar respiraciones nuevas..."

Roberto Juarroz

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